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02 noviembre, 2025

GOG: EL ASTEROIDE QUE DESTRUIRA EL MUNDO EN 2027

¿Y si te dijeran que el fin del mundo tiene fecha y hora, y que un objeto llamado "Gog" está en curso de colisión con la Tierra para 2027? Esta historia, mezcla de profecía apocalíptica y dato astronómico, ha capturado la imaginación colectiva. Impulsada por las afirmaciones del investigador Juan José Benítez, ha generado un intenso debate y una considerable ansiedad en foros y redes sociales. Nuestra misión aquí es desmontarla, pieza por pieza, para separar el pánico de la ciencia y entender por qué este relato resuena con tanta fuerza en nuestra cultura digital.

1. El asteroide de 2027 es real, pero no va a impactar contra nosotros.

Toda buena historia de desinformación necesita un ancla en la realidad, y el caso de "Gog" no es una excepción. La confusión se origina en un evento astronómico real: el 7 de agosto de 2027, un asteroide llamado 1999 AN10 pasará cerca de la Tierra. Sin embargo, aquí es donde la realidad se desvía drásticamente de la profecía. A pesar de su paso relativamente cercano en términos cósmicos, los cálculos son inequívocos: 1999 AN10 no representa ninguna amenaza de impacto en 2027.

La roca espacial pasará a una distancia de 390,450 kilómetros, una cifra que, aunque impresionante, lo sitúa un poco más lejos que la órbita de la Luna. Por esta razón, la conclusión de los astrónomos y de agencias como la NASA es tajante: la probabilidad de impacto para esa fecha es de cero. Si bien es cierto que su cercanía podría alterar ligeramente su órbita y generar probabilidades de colisión extremadamente bajas en décadas futuras —como una posibilidad entre 500,000 en 2044—, para el evento de 2027 la amenaza es, científicamente, inexistente.

2. El tamaño importa: la abismal diferencia entre la profecía y la realidad.

El segundo pilar de esta narrativa apocalíptica se derrumba al analizar las dimensiones del objeto. Según las predicciones de Benítez, el asteroide "Gog" es un coloso de 24 kilómetros de diámetro. En contraste, el asteroide real que nos visitará en 2027, el 1999 AN10, mide unos modestos 872 metros de diámetro. La diferencia no es trivial; es la distancia que separa una amenaza regional de un evento de extinción masiva.

Para ponerlo en perspectiva, la profecía describe un monstruo cósmico casi dos veces más grande que el objeto de 11 kilómetros que borró a los dinosaurios del planeta. La roca real, en cambio, pertenece a una escala completamente distinta. La abismal diferencia de tamaño es la que sustenta la postura oficial de las agencias espaciales, que observan el cielo con datos, no con profecías.

3. La postura oficial de la NASA: "No hay ninguna amenaza conocida".

Frente al ruido de las redes y las profecías virales, la voz de la comunidad científica ofrece claridad. Agencias espaciales como la NASA dedican recursos masivos a monitorear continuamente los objetos cercanos a la Tierra (NEA) y los asteroides potencialmente peligrosos (PHA) a través de sistemas de vigilancia como Sentry. Este programa escanea el cielo sin descanso, calculando las trayectorias de miles de objetos para garantizar nuestra seguridad.

En sus registros no existe ningún asteroide identificado como "Gog" con las características descritas por Benítez. De hecho, la postura oficial del organismo estadounidense es clara y contundente, diseñada para calmar cualquier alarma sobre amenazas inminentes. Como declararon para desmentir un bulo similar:

"no hay ninguna amenaza conocida de ningún asteroide durante al menos los próximos 100 años".

4. Un giro inesperado en la historia de la extinción: ¿qué pasó realmente con los dinosaurios?

La conversación sobre asteroides catastróficos inevitablemente nos lleva a la extinción de los dinosaurios, una historia que creemos conocer bien. La narrativa popular es simple y dramática: un asteroide gigante impactó la Tierra hace 66 millones de años y los aniquiló. Sin embargo, la ciencia reciente nos muestra un cuadro mucho más complejo.

Un estudio publicado en la prestigiosa revista Nature Communications revela un hecho sorprendente: la extinción de los dinosaurios ya había comenzado 10 millones de años antes del impacto. Para llegar a esta conclusión, un equipo de investigación analizó un vasto periodo de tiempo, como explica el investigador Fabián Condamine: "Hemos estudiado las seis familias de dinosaurios más abundantes del Cretácico, hace entre 150 a 55 millones de años”. Sus hallazgos apuntan a que un fuerte descenso de la temperatura media global y la extinción previa de especies de herbívoros ya estaban desestabilizando gravemente los ecosistemas. El asteroide no fue el inicio del fin, sino el golpe de gracia a un mundo que ya estaba en declive.

Este hallazgo es un poderoso recordatorio de que, tanto en la paleontología como en la astronomía, las narrativas más simples y catastróficas rara vez cuentan toda la historia. Al igual que la extinción de los dinosaurios fue un proceso complejo, la historia del "asteroide de 2027" es una simplificación que mezcla un evento real con una ficción desmedida.

5. La fascinación por el apocalipsis: de la profecía a la ficción hiperrealista.

A pesar de la abrumadora falta de evidencia, la idea de "Gog" ha florecido, generando un intenso debate y una notable producción cultural. El libro de J.J. Benítez, Gog, Empieza la cuenta atrás, noveliza la catástrofe, dándole una forma narrativa que ha capturado a miles de lectores. Pero la fascinación ha ido mucho más allá, hasta el punto de generar artefactos culturales que imitan la realidad con una precisión escalofriante.

El ejemplo máximo es un documento completamente ficticio que circula en internet: el "Tratado Enciclopédico sobre el Objeto Próximo a la Tierra (NEO) 2023-GX4 'Gog'". Este texto imita a la perfección el lenguaje técnico y la estructura de un informe científico oficial. Detalla con un realismo abrumador el descubrimiento del objeto, su designación oficial (2023-GX4), la calificación de "10 en la Escala de Turín" —el nivel máximo de amenaza— y la fallida respuesta internacional, bautizada como "Proyecto Quimera". La meticulosidad de este engaño demuestra hasta qué punto el miedo y la fascinación pueden inspirar creaciones que desdibujan la línea entre la realidad y la ficción, reflejando una profunda ansiedad colectiva sobre nuestro futuro y nuestra vulnerabilidad en el cosmos.

Conclusión: Mirando al cielo con conocimiento, no con miedo.

El "fin del mundo" de 2027 es un fascinante caso de estudio sobre cómo una predicción puede mezclarse con datos reales para crear una narrativa viral y alarmante. Sin embargo, la ciencia y la observación sistemática nos ofrecen una conclusión tranquilizadora: no hay ninguna amenaza de impacto conocida en el futuro cercano. La historia de "Gog" nos enseña más sobre nosotros mismos que sobre el universo.

Más allá de los asteroides, ¿qué dice de nuestra época esta profunda fascinación por las historias del fin del mundo?