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30 enero, 2026

PELIGRO INMINENTE: IMPACTO DEL ASTEROIDE 2024 YR4

Imagina el guion de una película de Hollywood: un equipo de científicos descubre un asteroide en curso de colisión directa con la Tierra. El pánico se desata mientras el mundo contiene la respiración. Esta trama estuvo a punto de convertirse en realidad con un objeto llamado 2024 YR4, un asteroide rocoso de tipo S y 60 metros de diámetro que mantuvo en vilo a la comunidad de defensa planetaria.


Pero la historia dio un giro completamente inesperado. La amenaza, sin embargo, no desapareció; simplemente se desvió para apuntar directamente a nuestro vecino más cercano: la Luna. Lejos de ser el final de la historia, este desvío es el comienzo de una saga cósmica con consecuencias sorprendentes que se sentirían aquí, en la Tierra. Lo que sigue son cinco giros inesperados sobre el asteroide que podría chocar contra la Luna en 2032.

1. La amenaza no desapareció, solo se desvió

El 27 de diciembre de 2024, el telescopio ATLAS en Chile detectó el asteroide 2024 YR4. El descubrimiento fue retrospectivo: la roca ya había pasado junto a la Tierra dos días antes, acercándose desde el resplandor del Sol, un conocido punto ciego en nuestra red de defensa planetaria. La preocupación fue inmediata. En pocas semanas, la probabilidad de impacto contra la Tierra para 2032 alcanzó un alarmante 3.1%, lo que le valió una clasificación de Nivel 3 en la Escala de Torino y activó por primera vez en la historia el Protocolo de Seguridad Planetaria de la ONU, movilizando a la Red Internacional de Alerta de Asteroides (IAWN) y al Grupo Asesor de Planificación de Misiones Espaciales (SMPAG).

Afortunadamente, observaciones posteriores —en especial las realizadas por el Telescopio Espacial James Webb (JWST) con su Instrumento de Infrarrojo Medio (MIRI)— permitieron refinar su trayectoria y descartaron el riesgo para nuestro planeta. Pero los mismos datos revelaron una nueva posibilidad: la órbita del asteroide lo ponía en un posible curso de colisión con la Luna.

La probabilidad actual de que 2024 YR4 impacte la Luna es de aproximadamente un 4.3% para el 22 de diciembre de 2032. Aunque sigue siendo baja, no es despreciable en términos astronómicos. De forma contraintuitiva, lo que fue un "fallo" para la Tierra se convirtió en un "posible acierto" para la Luna, manteniendo a este asteroide como un objeto de altísimo interés.

2. Un impacto lunar podría ser peligroso para la Tierra (pero no como imaginas)

La idea de un asteroide chocando contra la Luna evoca imágenes de tsunamis o cambios en la órbita lunar. La realidad es que el verdadero peligro es mucho más sutil y tecnológico. Un impacto del asteroide 2024 YR4, un objeto rocoso (tipo S) de unos 60 metros de diámetro, liberaría una energía equivalente a 6.5 megatones de TNT. Esta explosión eyectaría hasta 100 millones de kilogramos de material lunar al espacio.

Una parte de esta nube de escombros se dirigiría hacia la Tierra, creando una amenaza directa para nuestra infraestructura espacial. Los satélites en Órbita Baja Terrestre (LEO), de los que dependen nuestros sistemas de GPS, comunicaciones e internet, serían los más vulnerables. El flujo de micrometeoroides podría aumentar hasta 1,000 veces, sometiendo a las flotas de satélites al equivalente de una década de exposición al peligro en tan solo unos días.

La ironía es ineludible: nuestra mayor vulnerabilidad no proviene de un impacto directo en nuestro planeta, sino del daño colateral a la tecnología que define nuestra civilización moderna.


3. El "desastre" es en realidad una oportunidad científica única

Mientras que la idea de un impacto cósmico genera inquietud, gran parte de la comunidad científica está más entusiasmada que preocupada. Si ocurriera, sería el impacto más energético registrado en la historia de la humanidad, ofreciendo una oportunidad sin precedentes para estudiar una colisión cósmica a gran escala en tiempo real.

Los beneficios científicos serían enormes:

* Observar la formación de un cráter de casi 1 kilómetro de diámetro en directo.

* Analizar un "terremoto lunar" global de magnitud 5.0, que permitiría estudiar la estructura interna de la Luna.

* Estudiar la composición del material eyectado con telescopios como el JWST, revelando la composición de la corteza lunar profunda.

* Recibir hasta 400 kg de meteoritos lunares en la Tierra. Sería, en efecto, una "misión de retorno de muestras" completamente gratuita.

En esencia, el impacto transformaría a la Luna en el laboratorio de física de colisiones más grande del Sistema Solar, ofreciendo en horas datos que de otro modo llevarían décadas y múltiples misiones recopilar. Este evento está redefiniendo la defensa planetaria, como señala el Dr. Paul Wiegert, autor principal de un estudio clave sobre el tema:

"Estamos empezando a darnos cuenta de que tal vez necesitemos extender ese escudo un poco más. Ahora tenemos cosas que vale la pena proteger que están un poco más lejos de la Tierra, así que nuestra visión, con suerte, se está expandiendo un poco para abarcar eso."

4. Seríamos testigos de la "madre de todas las lluvias de meteoros"

Además de los riesgos y las oportunidades científicas, un impacto lunar tendría un efecto visual espectacular para los observadores en la Tierra. Una fracción significativa de los escombros lunares entraría en nuestra atmósfera, creando una lluvia de meteoros masiva y visible a simple vista.

Las simulaciones predicen un espectáculo celeste sin igual. Se podrían alcanzar picos de hasta 20 millones de meteoros por hora, acompañados de entre 100 y 400 bolas de fuego por hora. A diferencia de los meteoros típicos, estos serían más lentos y tenues, creando un fenómeno único que iluminaría nuestros cielos durante varios días. Más allá de las cifras, este evento nos conectaría de forma visceral con la naturaleza dinámica y a veces violenta del cosmos, un recordatorio visible en nuestros cielos de que el Sistema Solar sigue siendo un lugar activo y en constante cambio.

5. Ya demostramos que podemos detenerlo, pero... ¿deberíamos?

El caso del 2024 YR4 nos enfrenta a un fascinante dilema ético y estratégico. Gracias a la exitosa misión DART de la NASA en 2022, sabemos que la tecnología de "impacto cinético" para desviar asteroides es factible. De hecho, ya se están considerando planes para desviar a 2024 YR4 y proteger nuestra valiosa infraestructura orbital.

Esta oportunidad científica sin precedentes crea un dilema igualmente inédito: el mismo evento que podría revolucionar nuestra comprensión de los impactos cósmicos también representa una amenaza directa para la tecnología orbital que sustenta la vida moderna. ¿Vale la pena eliminar el riesgo para nuestros satélites a costa de perder una oportunidad científica irrepetible que podría mejorar drásticamente los modelos de defensa planetaria? La decisión final implicará un delicado equilibrio entre proteger nuestros activos tecnológicos y adquirir el conocimiento necesario para salvaguardar el futuro de la humanidad.

Conclusión

Aunque la probabilidad de que 2024 YR4 impacte la Luna sigue siendo baja, este evento ya ha servido como un "ejercicio a fuego real" de incalculable valor para los protocolos de defensa planetaria. Nos ha obligado a expandir nuestra perspectiva y a considerar los riesgos más allá de nuestra propia atmósfera, demostrando que el sistema internacional de respuesta funciona.

La próxima ventana de observación clave será en 2028, cuando el asteroide se acerque lo suficiente como para refinar su trayectoria con una certeza casi total. Hasta entonces, el mundo científico esperará con una mezcla de cautela y expectación. La saga nos deja con una pregunta fundamental: si tuvieras que decidir, ¿qué elegirías: proteger nuestra tecnología actual o permitir un evento natural que podría ofrecernos las claves para proteger nuestro futuro?


12 enero, 2026

LO QUE NO TE HAN CONTADO DEL CAMBIO CLIMÁTICO: TODA LA VERDAD

Introducción: Más Allá de los Titulares Diarios

Es fácil sentirse abrumado por el flujo constante de noticias sobre el cambio climático. Olas de calor, récords de temperatura, fenómenos meteorológicos extremos... La información es incesante y, a menudo, alarmante. Sin embargo, para comprender realmente la magnitud de lo que enfrentamos, es necesario mirar más allá de los titulares diarios y profundizar en los fundamentos del sistema climático de nuestro planeta.

Existen ciertas realidades, extraídas de décadas de investigación científica, que son a la vez fundamentales y contraintuitivas. No son meros datos, sino conceptos que redefinen la escala y la urgencia de la crisis. Este artículo presenta cinco de estas revelaciones, basadas en la ciencia climática más reciente, que ofrecen una perspectiva más clara y profunda sobre la transformación que está experimentando la Tierra.



1. La Tierra tiene dos "modos" operativos: Invernadero y Glacial.

La historia geológica de nuestro planeta se caracteriza por la oscilación entre dos estados climáticos principales: "Greenhouse" (Invernadero) y "Icehouse" (Glacial). Lejos de ser un sistema estable, el clima terrestre ha cambiado drásticamente a lo largo de eones, alternando entre un mundo cálido sin hielo y otro con casquetes polares permanentes.

Según los registros geológicos, la Tierra ha estado en un estado de "Greenhouse" durante aproximadamente el 70% al 85% de los últimos 2.500 millones de años. Este modo "invernadero" es radicalmente diferente al que conocemos. Se caracteriza por la ausencia total de glaciares continentales, temperaturas templadas e incluso tropicales en los polos y niveles de CO2 atmosférico que suelen ser entre 10 y 20 veces superiores a los niveles preindustriales.

Esto es impactante porque, aunque técnicamente vivimos en el Holoceno, un período interglacial (una fase cálida dentro de un estado "Icehouse" más amplio conocido como la Glaciación del Cuaternario), nuestras acciones están empujando el sistema a una velocidad sin precedentes hacia las condiciones del estado "Greenhouse". Este estado, si bien ha sido la norma a escala geológica, es completamente ajeno a la civilización humana, que ha florecido enteramente dentro del clima relativamente estable del actual período "Icehouse".

2. Cuanto más se calienta el planeta, más sensible se vuelve al calor.

Un concepto clave en la ciencia climática es la "sensibilidad climática", que mide cuánto se calienta el planeta como respuesta a un forzamiento específico, como la duplicación de la concentración de CO2 en la atmósfera. Intuitivamente, podríamos pensar que esta relación es constante, pero la evidencia científica apunta a una realidad más preocupante.

Un estudio fundamental de James Hansen y sus colegas, publicado en Philosophical Transactions of the Royal Society A, revela que la sensibilidad climática no es fija, sino que depende del estado del clima y aumenta en climas más cálidos. La razón principal es que, a medida que las temperaturas suben, la cubierta de nubes bajas tiende a disminuir y la cantidad de vapor de agua en la atmósfera aumenta, lo que eleva la tropopausa. Ambos efectos amplifican el calentamiento.

La implicación de este hallazgo es crucial y desafía nuestra intuición lineal: el calentamiento global no es un proceso uniforme. Se trata de un bucle de retroalimentación que se autoamplifica. Esto significa que cada grado de calentamiento hace que el siguiente grado sea más fácil de alcanzar y que sus consecuencias sean potencialmente más severas. No estamos subiendo una pendiente suave, sino una que se vuelve cada vez más empinada.

3. La desigualdad climática ya es letal: El riesgo de mortalidad es 15 veces mayor para los más vulnerables.

Los impactos del cambio climático no se distribuyen de manera uniforme. Un dato del Informe de Síntesis del Sexto Informe de Evaluación (AR6) del IPCC, publicado en 2023, lo expone con una crudeza demoledora: entre 2010 y 2020, la mortalidad humana causada por inundaciones, sequías y tormentas fue 15 veces mayor en las regiones altamente vulnerables en comparación con las de muy baja vulnerabilidad (Sección A.2.2).

El mismo informe estima que aproximadamente entre 3.300 y 3.600 millones de personas viven en contextos que son altamente vulnerables al cambio climático (Sección A.2.2). La estadística no es una proyección futura, sino una descripción de la realidad de la última década.

"Between 2010 and 2020, human mortality from floods, droughts and storms was 15 times higher in highly vulnerable regions, compared to regions with very low vulnerability."

Esta cifra revela una profunda injusticia. Los efectos más devastadores de la crisis climática están recayendo de forma desproporcionada sobre las poblaciones que históricamente han contribuido menos a las emisiones de gases de efecto invernadero. La crisis climática es también una crisis humanitaria y de derechos humanos que ya está costando vidas.

4. Hemos activado cambios que serán irreversibles durante milenios.

Algunas de las consecuencias del calentamiento global operan en escalas de tiempo que superan con creces la experiencia humana. Debido a la inmensa inercia de los océanos y las capas de hielo, ciertos cambios, una vez activados, no pueden detenerse ni revertirse en siglos, sino en milenios.

El Informe de Síntesis del Sexto Informe de Evaluación (AR6) del IPCC es explícito al respecto: con un calentamiento sostenido de entre 2°C y 3°C, las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida Occidental se perderán de forma «casi completa e irreversible durante múltiples milenios» (Sección B.3). Las proyecciones sobre el nivel del mar son igualmente aleccionadoras: incluso si el calentamiento se limita a 2°C, el nivel medio global del mar aumentará entre 2 y 6 metros en los próximos 2.000 años (Sección B.3).

Esto significa que las decisiones que tomamos en esta década —un parpadeo en el tiempo geológico— dejarán un legado que redibujará el mapa del mundo. Estamos determinando la geografía y las condiciones de vida del planeta para cientos de generaciones futuras. Las consecuencias de nuestras emisiones de hoy se medirán en una escala de tiempo que empequeñece la existencia de nuestros países, ciudades y culturas actuales.

5. El peor escenario posible es un planeta inhabitable para los humanos.

Aunque a menudo se evitan los escenarios más extremos, la ciencia tiene la obligación de explorarlos para comprender el rango completo de posibilidades. El estudio de Hansen et al. analizó una pregunta fundamental: ¿qué pasaría si la humanidad quemara todos los combustibles fósiles disponibles?

Su conclusión es directa y aterradora. Tal acción podría elevar los niveles de CO2 hasta 16 veces la cantidad de 1950, provocando un calentamiento medio global de casi 25°C. El impacto sobre la habitabilidad del planeta sería catastrófico. Como concluyen los autores:

"Burning all fossil fuels, we conclude, would make most of the planet uninhabitable by humans, thus calling into question strategies that emphasize adaptation to climate change."

En términos prácticos, esto significaría que los humanos solo podrían sobrevivir y trabajar al aire libre durante el verano en regiones montañosas elevadas. El resto del planeta estaría sometido a un estrés por calor incompatible con la vida humana. Este escenario extremo subraya que existe un límite físico a nuestra capacidad de adaptación.


Conclusión: Una Ventana que se Cierra Rápidamente

Comprender estas realidades profundas nos obliga a ver la crisis climática no como un problema lejano o un desafío más en una larga lista, sino como una transformación fundamental y urgente de nuestro planeta. Estamos alterando los sistemas operativos básicos de la Tierra a una velocidad que no tiene precedentes, con consecuencias que se extenderán por milenios y que ya están afectando de manera letal a los más vulnerables.

Como afirma el Informe de Síntesis del Sexto Informe de Evaluación (AR6) del IPCC, existe «una ventana de oportunidad que se cierra rápidamente para asegurar un futuro vivible y sostenible para todos» (Sección 3.4). El tiempo para la acción decisiva es limitado. Sabiendo que las consecuencias de nuestras decisiones actuales se medirán en milenios y determinarán la habitabilidad misma del planeta, ¿qué papel elegiremos jugar en el tiempo que nos queda?


04 enero, 2026

TODO LO QUE AL FINAL SUPIMOS DEL OBJETO INTERESTELAR 3I/ATLAS

 1. Introducción: Un Mensajero de las Estrellas

Desde las profundidades del espacio interestelar, un mensajero cósmico ha llegado a nuestro vecindario: el cometa 3I/ATLAS, un viajero que ha navegado por la galaxia durante miles de millones de años. Su visita representa un evento científico extraordinariamente raro y emocionante, ya que nos ofrece una oportunidad única de estudiar de cerca los "materiales de construcción" de planetas que se formaron alrededor de otra estrella. Como el tercer visitante interestelar confirmado que hemos detectado, 3I/ATLAS es una cápsula del tiempo, posiblemente más antiguo que nuestro propio sistema solar, que nos trae secretos sobre la diversidad química de nuestra galaxia. Para entender su importancia, primero debemos conocer cómo fue que los astrónomos encontraron a este viajero cósmico.

2. Descubrimiento: Cómo Encontramos a 3I/ATLAS

El hallazgo de 3I/ATLAS fue un testimonio de la capacidad de los modernos sistemas de rastreo del cielo para detectar objetos tenues y rápidos que atraviesan nuestro vecindario cósmico.

  • Fecha de Descubrimiento: 1 de julio de 2025
  • Lugar: Telescopio ATLAS en Río Hurtado, Chile
  • Descubierto por: El sistema ATLAS (Asteroid Terrestrial-impact Last Alert System), financiado por la NASA
  • Nombres Oficiales: 3I/ATLAS, C/2025 N1

Tras su detección inicial, los astrónomos de todo el mundo apuntaron sus telescopios hacia el objeto. Al calcular su trayectoria, confirmaron que seguía una órbita hiperbólica, una prueba matemática irrefutable de que no se originó en nuestro sistema solar y que, tras su breve visita, se alejaría para siempre. Esa trayectoria única es precisamente lo que define a 3I/ATLAS como un objeto que no volverá jamás.

3. Un Viaje Único a Través del Sistema Solar

El cometa 3I/ATLAS se mueve a través de nuestro sistema solar en una trayectoria hiperbólica, lo que significa que su velocidad es tan alta que la gravedad del Sol no es suficiente para capturarlo en una órbita. Imagina lanzar una piedra con un tirachinas con tanta fuerza que escapa de la gravedad de la Tierra para siempre; de forma similar, 3I/ATLAS está simplemente de paso. Su excentricidad orbital —una medida de cuánto se desvía una órbita de un círculo perfecto— es de 6.14, la más alta jamás registrada para un objeto interestelar. Para ponerlo en perspectiva, cualquier objeto con una excentricidad mayor a 1 está en una trayectoria de escape; un valor de 6.14 no solo confirma su origen, sino que lo consagra como el viajero más veloz y desvinculado que hemos conocido.

Hitos Clave del Recorrido de 3I/ATLAS

Evento

Fecha y Distancia

Máximo acercamiento al Sol (Perihelio)

29 de octubre de 2025<br>1.356 UA (~203 millones de km)

Máximo acercamiento a la Tierra

19 de diciembre de 2025<br>~1.8 UA (~270 millones de km)

Máximo acercamiento a Marte

3 de octubre de 2025<br>0.194 UA (~29 millones de km)

Pero su increíble viaje es solo una parte de la historia; su composición nos cuenta secretos sobre su lugar de origen.

4. Características Físicas: La Anatomía de un Cometa Interestelar

El estudio de 3I/ATLAS reveló un objeto con características tanto familiares como sorprendentemente únicas.

4.1. Tamaño y Apariencia

Las estimaciones sobre el tamaño del núcleo sólido de 3I/ATLAS varían, situándose en un rango de entre 0.44 y 5.6 km de diámetro. Sin embargo, la mayoría de las observaciones, incluidas las del Telescopio Espacial Hubble, sugieren que su tamaño real es probablemente inferior a 1 km. Medirlo con precisión es un gran desafío debido a la coma, una densa nube de gas y polvo que envuelve al núcleo a medida que el calor del Sol sublima sus hielos. Las observaciones muestran que el cometa tiene un distintivo color rojizo, un indicio de la presencia de compuestos orgánicos complejos en su superficie, probablemente "horneados" por la radiación cósmica durante su largo viaje. Como un cometa activo, exhibe una coma visible y una cola, demostrando que está liberando material al espacio.


4.2. Composición Química: Una Receta de Otro Mundo

Analizar la luz que atraviesa los gases que 3I/ATLAS libera es como leer su "receta química", una hazaña que fue posible gracias a la sensibilidad de instrumentos como el Telescopio Espacial James Webb (JWST). Sus componentes clave revelaron una composición fascinante.

  • Riqueza Extrema en Dióxido de Carbono (CO₂): La proporción de dióxido de carbono respecto al agua es de aproximadamente 8 a 1 (con mediciones específicas en 7.6:1), una de las más altas jamás observadas en un cometa. Este hallazgo es crucial, ya que sugiere que 3I/ATLAS se formó en un sistema estelar muy diferente al nuestro, posiblemente en una región mucho más fría donde el CO₂ se congela más fácilmente que el agua.
  • Presencia Confirmada de Agua (H₂O): 3I/ATLAS fue el primer objeto interestelar en el que se detectó inequívocamente vapor de agua. Este descubrimiento es de suma importancia, ya que el agua es un ingrediente fundamental para la vida tal como la conocemos, lo que demuestra que este componente vital también está presente en otros sistemas planetarios.
  • Otros Compuestos Detectados: Además de CO₂ y agua, los astrónomos identificaron otros gases como monóxido de carbono (CO), cianuro (CN) y, sorprendentemente, níquel atómico (Ni I). La presencia y concentración de estos gases son, en general, similares a las que se encuentran en los cometas de nuestro propio sistema solar, lo que sugiere que algunos procesos químicos en la formación de cometas podrían ser universales.

Esta mezcla química tan particular es lo que convierte a 3I/ATLAS en un laboratorio invaluable para la ciencia.

5. ¿Por Qué es Tan Importante para la Ciencia?

El paso de 3I/ATLAS no es solo una curiosidad astronómica; es una misión científica que ha llegado a nuestra puerta. Su importancia se puede resumir en tres puntos clave:

  1. Una Muestra de Otro Sistema Solar: Estudiar su composición nos da la oportunidad sin precedentes de analizar el "material de construcción" de planetas que orbitan otra estrella. Es como recibir una muestra geológica de otro mundo sin tener que viajar años luz para recogerla, dándonos una visión directa de la química de otros rincones de la galaxia.
  2. Pistas sobre la Formación Planetaria: Su composición única, especialmente la altísima concentración de CO₂, ofrece pistas valiosas sobre las condiciones (como la temperatura y la densidad) que existen en los discos protoplanetarios de otros sistemas estelares. Esto nos ayuda a comprender si nuestro sistema solar es típico o una rareza en el cosmos.
  3. Un Vistazo al Pastado del Universo: Su trayectoria sugiere que 3I/ATLAS podría provenir del "disco grueso" de la Vía Láctea, una región poblada por estrellas más antiguas. Se estima que su edad podría ser de hasta 7 mil millones de años, lo que lo haría potencialmente más antiguo que nuestro propio Sol y la Tierra. Estudiarlo es, literalmente, mirar al pasado profundo del universo.

Sin embargo, sus características tan inusuales también han dado lugar a especulaciones más allá de la ciencia convencional.

6. El Debate: ¿Cometa Natural o Tecnología Extraterrestre?

Las características atípicas de 3I/ATLAS llevaron al astrofísico Avi Loeb a proponer que algunas de sus "anomalías" podrían interpretarse como indicios de tecnología extraterrestre. Es crucial señalar que el consenso científico mayoritario y la abrumadora evidencia sostienen que 3I/ATLAS es un objeto completamente natural, aunque extraordinario. A continuación, se comparan los argumentos de forma objetiva.

Argumentos sobre un Posible Origen Artificial (A. Loeb)

Explicaciones y Evidencia Científica (Consenso)

Su trayectoria, alineada con el plano de nuestro sistema solar, y sus chorros simétricos son "anómalos" o "desconcertantes".

Las trayectorias de los objetos interestelares son aleatorias y una alineación casual no es estadísticamente imposible. Los chorros se explican por la desgasificación, un fenómeno bien conocido donde el calentamiento desigual del núcleo por el Sol libera gas y polvo.

Su composición química inicial parecía anómala o carente de químicos identificables.

Esta observación inicial se realizó cuando el cometa estaba lejos del Sol. Los gases como el CO₂ y el agua solo fueron detectables cuando el cometa se acercó lo suficiente para que su actividad aumentara, siendo confirmados por telescopios de alta sensibilidad como el JWST. Era científicamente previsible no detectarlos cuando estaba más lejos y frío.

Mantiene que las anomalías acumuladas justifican considerar todas las posibilidades, incluida la artificial.

El proyecto Breakthrough Listen utilizó el radiotelescopio de Green Bank para buscar "tecnofirmas" (señales de radio artificiales) procedentes del cometa. El resultado fue un silencio total: no se detectó ninguna emisión que pudiera sugerir un origen tecnológico.

Aunque el debate genera interés, la evidencia apunta firmemente a que 3I/ATLAS es una maravilla natural del cosmos, un viajero que ya se despide de nosotros.

7. Conclusión: Despedida de un Viajero Ancestral

El cometa 3I/ATLAS ha sido un regalo para la ciencia. Como un cometa natural con una composición química extraordinaria, nos ha enseñado que los ingredientes para formar planetas varían enormemente a través de la galaxia y ha reforzado la idea de que el agua es un componente común en el universo. Tras su máximo acercamiento a la Tierra en diciembre de 2025, ahora se aleja del calor del Sol para no volver jamás. Su brillo se desvanece mientras continúa su viaje eterno por la Vía Láctea, dejándonos con datos invaluables y un profundo recordatorio de que el cosmos es un lugar dinámico y compartido, lleno de maravillas de otros soles que, por un breve instante, cruzan nuestro camino.